El consenso niega la política

Donde hay conflicto social no puede haber consenso. Una sociedad sin conflicto solo es imaginable en la utopía. Ni la sociedad burguesa de Hegel puso fin a la historia, ni la disolución del comunismo de Estado, tampoco. Sin conflicto de clase o de categorías sociales se acabaría el principal motor del progreso. El consenso es un concepto medieval y religioso que resucitó el 9 de Termidor, como antídoto al miedo del Terror, para repartir el poder entre una nueva clase política, llamada entonces de ??los perpetuos?.

Tras la muerte de Franco, como sucedió con la de Robespierre, el miedo a la libertad aglutinó las ambiciones de represores y reprimidos en un consenso, donde nadie ganaba todo ni perdía todo. De ese miedo y de ese reparto nacieron la ley Electoral por el sistema de listas, y la Constitución de la Monarquía por una oligarquía de partidos sindicados en el Estado, como en el Directorio de los perpetuos. Si se aplica a la política la teoría de los juegos, lo que ganan todos los partidos lo pierde el pueblo.

Se ha querido justificar el consenso político, desconocido en el mundo anglosajón, con una razón teórica. El consenso es el moderno hallazgo del bien común, de la voluntad general, de la razón ilustrada o del interés común, que ni un solo pensador en la historia de las ideas pudo concretar. Esos conceptos metafísicos sólo se hacen inteligibles cuando coinciden con el interés, el credo o la razón de la mayoría (utilitarismo). Es decir, no puede haber consenso en la democracia política.

Derrotados en la teoría, los consensualistas se aferran a una razón práctica. En los grandes asuntos de Estado, los partidos no deben ser partidistas. Pero todos los asuntos de Gobierno son asuntos de Estado. Se pone como ejemplo de grandeza la política internacional y el terrorismo. ¿Quiere decir esto que, por ser la visión internacional del Gobierno, todos los partidos debían apoyar el pacto bélico de las Azores? ¿Quiere esto decir que, por ser la del Gobierno, no debe de haber otra concepción, otra estrategia, otra táctica contra el terrorismo que la del partido gobernante?

El consenso no es más que ideología conservadora, favorable a los gobiernos en plaza, para que ni siquiera haya simulacro de oposición parlamentaria. El consenso es el silbido del solitario que ahuyenta el miedo a peligros imaginarios. A la cobardía se une la falta de inteligencia perceptiva de la realidad. Solo la incompetencia pide ser consensuada.

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27 thoughts on “El consenso niega la política

  1. Martín-Miguel Rubio Esteban dice:

    Querido maestro: Como bien sabes, la primera vez que la República Romana utilizó el término “consensus” en sentido político, fue para reunir a los poderosos, a los ricos, “a los hombres de bien” frente a la plebe que quería participar en las prebendas de la gran potencia romana. Así, cuando Cicerón, en su “Pro Sestio”, párrafo 56, utiliza la expresión “consensus omnium bonorum” como el bloque de los grandes ciudadanos que pueden frenar en seco las subidas apetencias de los “mali” y “humiliores”, y “tenuiores”. Es decir, el consenso político es siempre una traición al pueblo “sensu lato”; consensuar es trazar los límites de poder que no puede sobrepasar el pueblo entendido como súbdito. Un abrazo

  2. Antonio García-Trevijano dice:

    Mi buen amigo

    El origen del consensus romano tiene sumo interes. El consenso moderno (decisiones por unanimidad, en lugar de por votación)solo ha sido legitimado en la teoria de los juegos. El conseno entre partidos es un fraude a los electores. Con él se aparenta que no se llega al acuerdo común en virtud de un pacto inconfesable, sino por un proceso de convergencia de inteligencias y voluntades antagónicas. Si fuese sistemático, como lo es en esta Monarquía, sobraría la pluralidad de partidos, como efectivamente sobra en un sindicato de partidos estatales. Al igual que en la última fase del franquismo, el consenso asegura la unidad nuclear en una pluralidad de pareceres (Arias Navarro). Con mucho afecto.

  3. D'Anton dice:

    Estimado señor Trevijano:

    Las ideas claras penetran en la sociedad de forma imperceptible, pero penetran. No se hace usted idea de las personas a las que ha influido su denuncia del consenso, tan bien recogido en sus raíces históricas por el señor Rubio Esteban. De hecho, si nos pegamos a la actualidad, podemos analizar hoy, en el debate sobre el nuevo Estatuto andaluz, la tendencia del poder para solicitar consenso y, a la vez, el ejercicio del disenso de la oposición parlamentaria. Probablemente, sólo las grandes causas, como la unidad de España, y no los ejercicios de reparto de poder (como los vividos en la Transición) puedan cambiar una tendencia letal e iniciar un camino en el que paulatinamente se abran paso posibilidades, aún lejanas, para el ejercicio de la democracia.

  4. Antonio García-Trevijano dice:

    Es cierto. La presión del consenso disminuye a medida que aumenta la gravedad del tema (guerra, terrorismo, unidad de España). Pero ahí está el buen pastor de “El País” para meter en el redil a los despistados del rebaño. A propósito de la realidad nacional andaluza, hoy mete a Zapatero en el carril del consenso con Rajoy. No veo humor en sus famosas diez lineas. ¿Tal vez, porque no ha pasado de nueve?
    Cordial saludo.

  5. D'Anton dice:

    A usted no se le escapa nada, señor Trevijano. Pero hoy me era imposible superar el sentido del humor de los redactores del Estatuto andaluz con el novísimo concepto de realidad nacional. Reconozca que eso es insuperable. Me siento humillado y lucho angustiosamente por encontrar un principio político que me ilumine a ese nivel. ¿Nacionalidad real? ¿Nación realista? ¿Nación nacional? En todo caso, el sentido del humor que a mí me falta lo han tenido casi 180 diputados que han votado ese novedoso salto cualitativo de la teoría política. Los dioses castigan concediedo los deseos.

  6. Pedro M. González (Club Republicano) dice:

    A mayor abundamiento: El consenso de los partidos desemboca en la Razón de Estado, indiscutible por los ciudadanos y por definición por encima de toda categoría política, moral e incluso jurídica. Y lo peor de todo, convierte al discrepante en disidente.

  7. Pla dice:

    De acuerdo en todo lo expuesto, desde luego. El consenso político, especialmente en sus plasmaciones cncretas como las que conocemos en Europa, y muy especilamente en España, no es otra cosa que una máscara que pretende esconder la realidad de sociedades sin libertad.

    Y, sin embargo, ¿no es necesario un mínimo consenso político geneal para el establecimiento del pacto social básico?

    Saludos

  8. Antonio García-Trevijano dice:

    Amigo Pla

    Su pregunta contiene dos conceptos heterogéneos que solo tienen de comun el nombre. El consenso social, involuntario, se crea en el insconciente colectivo y fortalece el lazo social. Lazo que no proviene de las invenciones iusnaturalistas y rómanticas de un contrato social originario de la civilización. Si hemos de pensar en los orígenes de la sociedad, demos la palabra a los antropólogos. Y si queremos mitos, prefiero el de Freud, con su dramática visión de la comunidad primordial (Moisés).

    El consenso politico es de carácter consciente y voluntario. El más famoso, el de los sucesores de Mahoma, sigue trayendo cola bélica. El consenso de la Transición es mucho mas bastardo. Un pacto de transacción entre franquistas y jefes de partidos clandestinos con siglas históricas, para repatirse el poder del Estado a cambio de renunciar a los principios morales y políticos a que habian dedicado sus vidas. Eludieron la libertad constituyente y se instalaron como clase política estatal, mediante una ley electoral que hizo inamovibles sus jefaturas. Aquel pacto se convirtió en paradigma del modo de evitar el riesgo de la libertad, tomando decisiones por unaninidad, en lugar de hacerlo por votación de mayorías y minorías, como exige la democrcaia.

  9. Martín-Miguel Rubio Esteban dice:

    Querido amigo y maestro: No obstante, en los últimos dos años el consenso parece resquebrajarse, bien porque se hayan dinamitado los lazos de intereses que juntaban a la oligarquía política, traicionando la mundivisión que cada uno representaba, bien porque se estén replanteando nuevos contenidos para esos lazos, o bien porque el primus inter pares de esa merienda política sea especialmente inútil. De todos modos, por esas resquebrajaduras que sufre el hormigón del sistema parece salir la luz de la política. Tengamos esperanza.

  10. Antonio Garcia-Trevijano dice:

    Si, tengamos esperaza en nuestro movimiento y en la decomposición de la Monarquía de Partidos y de Nacionalidades. Donde no cabe la esperanza, como en la puerta del infierno dantesco, es en la apertura del consenso a la libertad de pensamiento y de acción politica. No podemos olvidar que no hay Constitución más falsa que la hecha por consenso. Pues un consenso constitucional no pueda darse más que para el reparto. Cuando Ortega y Gasset era joven, y aún tenía sentimientos políticos nobles, expresó esta misma idea contra la Restauración.

  11. Lorenzo Abadía dice:

    Estimado Antonio:

    Acabo de enterarme de la existencia de tu blog. Es algo que en la blogosfera ansiábamos tanto como intuíamos. Es una suerte poder contar entre este colectivo con tanto potencial con una mente tan brillante y noble como la tuya. Sinceramente, ya hay un gran aliciente más para encender el ordenador todas las mañanas.

    Lorenzo (Zaragoza)

  12. David Serquera dice:

    Creen que estas minusculas grietas en el consenso entre los dirigentes de los distintos partidos puede desencadenar una ausencia de consenso en el seno de los propios partidos y dar lugar a la libertad de pensamiento y de voto de los militantes? Podriamos ver como el gusano se convierte en crisalida y luego en mariposa?

  13. D'Anton dice:

    Como se está viendo en este blog, el debate sobre el consenso es crucial. Esta práctica nació, sin duda, por interés (aunque en parte también por miedo). El problema es que se introdujo después como valor social. El que no lo jaleara era un apestado, casi un guerracivilista. Ahora, no hay medio que no apele con frecuencia a este “valor”. Pero van atrasados.El consenso entre partidos empieza a resquebrajarse porque no hay interés mutuo (salvo la mutua eliminación). Es a otros, los citados medios, los comunicadores, a los que ahora hay que convencer del valor del disenso. ?ste no será todo el debate, y no se derivará de él todo el éxito, pero sí será importante. Propaganda del disenso, como primer paso.

  14. Antonio garcia-Trevijano dice:

    David, tienes alma de poeta y mente de laboratorio. Es un placer leerte, tu indignación hace el verso. D’Anton, tu haces honor al nombre. Lo inmediato es fomentar el disenso en todos los aspectos politicos y culturales. Pero sin olvidar que esta táctica republicana está dirigida, en primer término, a la proclamacion de la unidad de España, no por españolismo, sino porque es un hecho histórico independiente de la voluntad de los españoles. ¡No se qué haría sin vosotros!. Os abrazo.

  15. Antonio Garcia-Trevijano dice:

    D’Anton, ¿donde has dejado esta vez el pesimismo de tu inteligencia? ¿Crees que los oligarcas tienen interés en su eliminación mutua? ¿No te das cuenta de que la ausencia de este interés es lo que da estabilidad a la Monarquía de Partidos?

    Si en este sistema oligárquico, la jefatura del Estado no estuviera ocupada por la gracia de Dios, y fuera la cabeza del poder ejecutivo, los oligarcas se destruirian entre sí, sin necesidad de que la libertad de acción política los expuilsara. En el enfrentamiento actual entre los dos partidos dominantes, la retória electoral los separa, y la Monarquía de Partidos, los une. Estoy seguro, querido D’Anton, de que “mutua eliminación” no significa, en tu pensamiento, lo que literalmente dice.

  16. Pedro M. González (Club Republicano) dice:

    Resulta crucial el apunte de D. Antonio sobre la táctica republicana y la unidad nacional como hecho objetivo ajeno a la disponibilidad ¿Sirce de algo que yo pueda votar libremente con mis hermanos que dejemos de ser hijos de nuestros padres? ¿Podemos votar libremente que mañana haga buen tiempo para disfrutar un espléndido día de campo? Me parece que el asunto da mucho de sí. Me complacería mucho por clarificador una reflexión sobre la capacidad de decisión colectiva y el hecho nacional.

  17. Antonio García-Trevijano dice:

    El valor demostrativo de las metáforas, cuando son petinentes a la intelección de lo simbolizado, son más convincentes que el puro razonamiento porque llegan a los corazones, al sentimiento. Tu ejemplo de los hermanos es colosal. Pero aún le falta un matiz para que la equiparación con los separatistas catalanes y vascos sea exacta. ¿Tienen derecho los hermanos mayores a renunciar a sus apellidos y llevarse de la casa materna a los hermanos menores de edad?

    Tendré ocasiones, querido Pedro, para hablar de la autodeterminación nacionalista, que nace de la filosofia de Fichte y de la retórica de Renan. Ortega copió a este último, cuando consideró la nación como un proyecto sugestivo (plebiscito diario), y no como un hecho histórico objetivo. A la idea del plebisicto yo le añado que, en todo caso, habrá que contar también el voto de los muertos en las generaciones anteriores.

  18. Anónimo dice:

    Usted habla de consenso dando una definición muy clara, como pacto unánime en contraposición con la ley de la mayoría.
    También aporta un ejemplo muy claro como el pacto de la reforma política.
    Pero cuando se refiere al consenso sistemático ya empiezan mis dudas. Porque no se puede hablar de consenso a la coincidencia o negociaciones políticas de los partidos mayoritarios. Tampoco se puede considerar consenso, obviamente a las discrepancias entre ellos, como ocurre casi siempre.
    Bien está que existió un consenso que originó la constitución , al que podríamos llamar ??consenso original? en analogía al pecado original, pero rechazo la opinión que la forma de hacer política sea mediante consenso y que este se anatemice como el enemigo a batir, no sea que nos hagamos falsos objetivos en la lucha contra esta monarquía.
    ¿Acaso no hay disenso entre los principales partidos políticos, o no lo ha habido en anteriores legislaturas?
    El problema es que una vez en vigor la constitución esta está blindada de manera que para modificarla en sus aspectos sustanciales se requieren los 3/5, si mal no recuerdo, de la cámara y esa es la principal fuerza de los oligarcas.
    Un fuerte abrazo

  19. Juan José Sánchez Zamora dice:

    perdón pero el anterior comentario es mío que no me he percatado de poner el nombre. Entre otras cosas, odio los comentarios anónimos.
    Perdonen y saludos a todos

  20. D'Anton dice:

    Mi querido Antonio:

    En mi análisis, que dista tanto como quieras de la verdad, la Monarquía que sirvió de marco al consenso ha perdido relevancia para esta nueva generación de políticos profesionales. Y, además, ha entrado en debate la unidad de España (lo que aún debilita más a la Monarquía). Es obvio el desprecio socialista (y la suspicacia conservadora) hacia esa institución. Es innegable la voluntad del bloque gubernamental de sacar del campo de juego a la derecha. Está bastante claro el uso de la ingeniería social y política para hacer cirugía plástica con la Nación. Está clara la encastillada respuesta conservadora. La confrontación partidaria excede ya lo electoral. A poco que nos descuidemos, la actual Monarquía de partidos puede ser un concepto para la historia, porque nuevas oligarquías periféricas, con o sin alianzas estatales, suplirán a los tradicionales ??partidos del consenso?. Y, atención, en un marco que podría llamarse ??republicano?, mientras traiciona tu concepto de República.
    Ya está habiendo eliminación mutua, porque ellos mismos, los partidos estatales, se siegan la hierba bajo los pies al desmontar el ámbito nacional que les justifica.
    Un abrazo

  21. Antonio García-Trevijano dice:

    Respuesta a Juan José

    1. La negociacion política entre los partidos mayoritarios es pura manifestación de consenso. ¿Por qué, si nó, ocultan el proceso negociador y llevan la cuestión al parlamento cuando ya está decidia de forma extraparlamentaria?. Eso es consenso.

    2. Ahora, la guerra de Irak; el empecinamiento del PP en el factor etarra de la tragedia de Atocha, el Estatuto catalán y la negociación con ETA; no solo han roto el consenso, sino que han puesto de relieve que el consenso original no lo produjo el factor monárquico, sino el reparto del Estado.

    3. La alteración en ese reparto del poder, producida por el Estatuto de Cataluña, hace improbable que el consenso anterior se regenere, pero auspicia un nuevo consenso de la izquierda estatal con los nacionalismos estatales, lo que empujará a la derecha económica y social a la ruptura definitiva con la Monarquía.

    4. Nadie ha dicho en esta página que el consenso sea el enemigo a batir, sino que debemos defender el valor político y cultural del disenso. Por eso señalé que “El País”, todavía recomendaba consenso en el estatuto andaluz.

    Le repito que sus objecciones son serias y hay que responderlas con claridad.

  22. Antonio Garcia-Trevijano dice:

    Amigo D’Anton

    A nadie le deja indiferente que sus analisis disten de la verdad. Planteas cuestiones difíciles de ver porque se refieren a tendencias futuras de las situaciones actuales. No me parece innegable la voluntad del bloque gubernamental de sacar del campo de juego a la derecha, si por eso entiendes algo más que dejarla de forma permanente en la oposición.

    En cambio, tiene mucho interés la cuestión de las oligarquías periféricas. No porque puedan suplantar o prescindir de las estatales, puesto que tambien ellas son estatales, sino porque ya están en un pacto cuasifederal. El monarca aceptará lo que sea con tal de seguir entronado. Y habrá República de Partidos si el movimiento ciudadano que estamos iniciando no logra la hegemonía an la opinión. Hasta pronto. Abrazos.

  23. Linus dice:

    Sr. D. Antonio García-Trevijano:

    Creo haber entendido que la situación actual es porque hasta ahora viviamos en una especie de artificio lograda con el consenso de 1978. Un pacto que inamovilizaba el cambio hacia una democracia real.

    El problema surge cuando se decide cambiar los protagonistas del pacto, siendo igualmente fraudulento para los ciudadanos, pero con consecuencias más graves.

    Sin embargo, se me escapa el problema con el consenso, ya que gran parte de estos problemas que generan la actual situación, se solventarían teniendo que consensuar con el actual partido de la oposición. Aunque seguiríamos teniendo el problema de la oligarquía de partidos.

    En definitiva, no materializo un sistema que se base en el disenso para con ello evitar el blindaje de votos tal y como ha sido hasta ahora. Entiendo el fin, pero no la forma.

    La pido disculpas por mi dureza intelectual.

    Un saludo y enhorabuena por esta iniciativa.

  24. Rocio Guzman dice:

    hola a todos, estaba leyendo sus opiniones.
    pero que me pueden decir de “la constitucion como manifestacion del consenso social minimo y sus dicidentes”
    necesito hacer un ensayo sobre el tema y ando un poco perdida gracias

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