La Revolución del sentido común

El malestar de la cultura actual lo padecen con mayor agudeza quienes no se resignan a vivir una vida colectiva fundada en la permanente negación de las obviedades, en el rechazo del sentido común como facultad de entendimiento de las acciones públicas y de las valoraciones sociales. Se da crédito a lo absurdo y se le niega a lo razonable. Se admira lo despreciable y se desprecia lo admirable. Se hacen rápidos movimientos, con dos dedos de las manos a la altura de las orejas, para dar a entender que las palabras han de usarse entre comillas para que se comprendan. El lenguaje común no comunica ya razones ni sentimientos. Los escritores no leen. Los lectores escriben. Lo bochornoso ocupa el mundo de la imagen.

La vulgaridad y la sinrazón dominan, sin producir extrañeza, el panorama cultural que nos legaron los totalitarismos del siglo XX y el maniqueísmo de la guerra fría. Desde la moral de las costumbres a la ética de las acciones, desde el ámbito familiar al del Estado, desde las manifestaciones del arte a las planificaciones de la enseñanza y la investigación, desde el campo de la producción-consumo al del deporte, todo parece organizado para excluir de las sociedades europeas en general, y de la española en particular, la maravillosa función social del sentido común. Tal vez la facultad humana que más tarde emergió en la evolución de la especie.

El sentido común no es, sin embargo, suficiente. Si no lo acompaña algún principio racional o moral, cada individuo puede reclamar su derecho a la exclusiva. Pero sucede que esa facultad de la sensibilidad y entendimiento comunes adquiere, con el principio universal que la acompañe, una función ideológica, que varía según sea el grado de racionalidad y moralidad de las sociedades. El sentido común fue conservador en la filosofía popular de Federico II; ilustrado en la filosofía escocesa del XVIII; revolucionario, en la filosofia independentista de las colonias británicas (Paine, Gandhi).

Conociendo la facilidad de los españoles para cambiar sus costumbres y sus valores al vaivén de los acontecimientos políticos, solo una gran conmoción nacional les hará retornar al sentido común, con la catarsis de la libertad política. En esta Monarquía de Partidos y de Nacionalidades, de Corrupción y de Consenso, no son los intereses de clase, ni los de poder nacionalista, los que tienen potencia reformadora del sistema político oligárquico. Es la revolución del sentido común, la que ha comenzado a ver, antes y mejor que cualquier analista, el desmoronamiento de España, la que puede evitar la consumación del desastre, dando al Estado, de modo pacífico y razonable, la forma Constitucional de la III República.

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12 thoughts on “La Revolución del sentido común

  1. Antonio Garcia Trevijano dice:

    El mismo día en que sscribo esta artículo, Rajoy hace en Barcelona un llamamiento al sentido comun y al consenso. Dos conceptos incompatibles. El sentido comun es incapaz de orientar las voluntades hacia el consenso político en una sociedad nacional que sufre graves conflictos nacionalistas.

  2. Martín-Miguel Rubio Esteban dice:

    Mi muy querido amigo y maestro: Recuerdo haber leído un libro hace tiempo – que ahora no sé dónde lo puse – de Shaftesbury sobre el “Sensus communis”, que el dulce aristócrata inglés lo percibía en el espíritu de la república romana, la democracia ateniense y en el cristianismo. El “sensus communis” es lo único que nos iguala a los hombres diferentes de diferentes ideas e intereses. Por eso el sensus communis hace incompatibles el consensus y la Democracia. Si pudiese existir en la tierra un consensus de ideas, pasiones e intereses, no tendría sentido el procedimiento sagrado de la Democracia. Ya metidos un poco a filósofos, diríamos con el Protágoras del Theaetetus platónico que el conocimiento, en cuanto nacido de la experiencia personal, no tiene un consensus universal sobre el que apoyar su autoridad, sino sólo sobre la medida cuantificable de las experiencias humanas. No sé si esto valdría para el conocimiento de los hombres, pero desde luego es la base del modelo político de la Democracia, basado fundamentalmente en el disenso y en las apetencias diferentes de los diferentes hombres. Por todo ello la Democracia nace de un “sensus communis”. Un abrazo muy fuerte

  3. Antonio Garcia-Trevijano dice:

    Cuado me referi a la filofosia escocesa, estaba pensando sobre todo en Reid. Hutcheson es de esta escuela, pero la influencia de Shaftesbury le hizo, sustituir el sentido comun por el sentido moral. Un sentido innato, cuyas cualidades o “ideas morales”, solo pueden adquirise por experiencia. Por eso digo que el sentido comun no es autosufiente. Necesita estar basado en principios morales o racionales. Con tu comentario, y esta aclaración, se comprenderá mejor lo que he querido decir al hablar de revolución del sentido común. Con afecto.

  4. David Serquera dice:

    Querido Antonio,
    Quizas el lenguaje este tan corrompido que el concepto de sentido comun de Rajoy y el suyo ya no coincidan. Cuando mi madre me queria decir que no hiciera ninguna “locura” me decia “ten sentido comun”. Creo que este es el significado conservador de Rajoy. Sin embargo, no tiene que ver nada con el sentido de estar contento con la felicidad del otro, que creo es este el sentido comun de Hutcheson incompatible con el consenso. Es esto asi? He entendido bien? El concepto de sentido comun esta tan usado por unos y por otros que necesita una aclaracion.
    Un abrazo.

  5. Antonio García-Trevijano dice:

    Tienes la suerte, querido David, de estar en el pais de tu tocayo Hume. La ilustración escocesa, me ha formado más que la francesa. La originalidad de Benjamín Constant, frente a los doctrinarios del liberalismo francés, proviene de su conocimiento de los grandes filósofos, economistas y antropologos de la escuela escocesa.

    Hay un concepto vulgar de sentido común que lo identifica con la sensatez. Es util, pero no tiene valor normativo. No sirve para ordenar o gobernar una sociedad. Rajoy, como tu madre, le dice a los españoles que no hagan locuras (sentido comun) y que se unan todos (consenso).

    El sentido comun filosófico es un valor distinto de los otros valores sociales porque está basado, no en la moral ni en la razón, sino en el entendimiento común a los seres humanos. Para dotarlo de vigor normativo, Hutcheson le dió sentido moral. Y como dices, fundó la felicidad en hacer el bien.

    El valor del sentido comun para la acción politica es extraordinario. Los grandes líderes lo tuvieron por instinto (Lincoln), aunque ninguno, que yo sepa, lo elevó a principio de la acción. Pero como el sentido común no entra en el campo de la imaginación, son los Gobiernos quienes han de fijar, en cada momento,las prioridades de la sociedad y el modo de alcanzarlas. Para lo primero deben ser perceptivos a un nivel superior al de la percepción comun. Los politicos no pueden ser representativos de la media intelectual (Bush). El sentido común ha de estar socorrido por la inteligencia. Para lo segundo, los gobienos han der ser imaginativos y creadores. Para ello no sirve el sentido comun, que es de naturaleza conservadora.

  6. Martín-Miguel Rubio Esteban dice:

    Querido amigo y maestro: Convendría subrayar lo opuesto que es el sentido común al consenso, que vendría a ser “el sentido común” de los que mandan. Decía Shaftesbury que quinquiera que alcanzó el poder no dejó de poner en práctica todos los recursos para hacer de su sentido común “privado” el único sentir público. Y eso es debido a que el sentido común es lábil y depende de la inteligencia, la experiencia y la propia civilización. Decía también el aristócrata inglés que si el sentido común de un británico o un holandés fuese correcto, el de un turco o un francés tendría que ser indudablemente muy equivocado. Sólo la estética y la verdad moral deben fundamentar el “sensus communis”, acuñado ya de forma filosófica. Pues sólo la belleza – exterior y mental – y la verdad moral – que también es estética – puede dotar al sentido común de permanencia. Hablar de sentido común un político será siempre una trapacería. No puede haber sentido común en el poder a no ser que esté aupado por una revolucuión nacional del sentido común. Un abrazo.

  7. Antonio García-Trevijano dice:

    Mi querido amigo:

    Tus dos comentarios han aclarado lo que mi artículo dice sobre la necesidad de que el sentido común esté desarrollando princios morales y racionales. Y me ha encantando que Serquera lo haya relacionado con la felicidad. Lo que me permite recordar que esa idea de Hutcheson, la tomó Tom Paine para introducir el derecho a la felicidad, en la Declaración de Independencia, en lugar del derecho a la propiedad. La importancia de este nuevo derecho en la Gran Revolución la puso aquí de relieve Gabriel Albiac.

  8. Martín-Miguel Rubio Esteban dice:

    Lo terrible es que hoy en España ese “sensus communis” estético-moral sea ya sólo una rareza heroica. Mucha quina tendremos que tragar aún hasta que por nuestra propia supervivencia se active. Un abrazo

  9. D'Anton dice:

    Estimados contertulios en esta página de ideas:

    Discutir sobre el sentido común demostraría falta de sentido común, salvo cuando sucede, como es el caso, que hace falta darle sentido a los conceptos, tantas veces desnudos por el tópico y la manipulación. Enhorabuena por sus comentarios.

  10. Gracia Deleda dice:

    He recibido un correo con la notificación de la “obertura” de un blog de una de las figuras claves de la lucha contra el régimen franquista.
    Denostado por comunistas, socialistas y sectarios de todo tipo, sobrevive al naufragio de la “maldita” transición.
    Aún puede significar bastante en la posible ruptura que muchos deseamos.

    Un abrazo maestro.

  11. Pla (Club Republicano) dice:

    Estimado D. Antonio:

    Respecto al “derecho a la felicidad”, y aunque todos sabemos a que se refiere, me gustaría precisar más la expresión. Porque no es el derecho a la felicidad, exactamente. Es, más bien, el “derecho de cada uno a la búsqueda del camino de su felicidad” (más o menos). Es ésta precisión en la enunciación del derecho lo que quisiera destacar. No se trata de conseguir hacer “felices” a los hombres, si es que eso fuese posible (imaginemos: ¡a partir de mañana todos felices, y el que no, a la guillotina!), que no deja de reiterar el papel central de la libertad.

    Porque no se trata del derecho a ser felices conforme a un determinado estandar, o una ideología o creencia determinadas. Se trata de que cada uno tenga la posibilidad de desenvolverse en la sociedad en busca de sus propios fines, en igualdad de condiciones legales y en situación de igualdad de oportunidades.

    Saludos

  12. pedro ortigosa goñi dice:

    Gracias, D. Antonio García Trevijano, por tener el valor de desenmascar en público(en concreto, el debate televisivo de ayer, 8-6-2006)esta partitocracia, este estado lamentable al que ha llegado nuestra insigne nación en manos de demagogos y arribistas cínicos y usureros.
    ¡Abajo la partitocracia!
    Gracias por su coraje, altura intelectual, y humanidad.
    Mucha salud y felicidades.

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